Historias

Sin medias tintas

Sin medias tintas

Pedro Cuevas Moreno

4 junio, 2020

«Diane tenía razón. El mundo está cambiando, la música está cambiando, hasta los hombres y mujeres están cambiando. Dentro de mil años no habrá ni tíos ni tías, solo gilipollas».

Dentro de mil años. Eso decía Ewan McGregor en el papel de Mark Renton en Trainspotting. Un milenio… Pues bien, solo han pasado 24 años desde su estreno y no es que el mundo esté cambiando, sino que lo está haciendo a un ritmo vertiginoso. Vertiginoso, que no bueno. Un cambio más ligado a la involución que a la evolución. Nos hemos tomado demasiado en serio la existencia de una escala de grises que oferta múltiples oportunidades en la vida y luego pasa lo que pasa: llegan los desengaños. Por mucho que en política podemos elegir el centro – aquel que aglutina a todos y a la vez representa a nadie – entre en la izquierda y la derecha, no siempre nos encontramos con un abanico de posibilidades. Y es que, aunque parezca mentira, no siempre hay espacio para la ambigüedad. Entre el fascismo y el antifascismo no hay grises. Entre la opresión y la libertad no hay grises. Entre silencio y racismo… hay racismo.

Blanco o negro, sin medias tintas. No existe termino intermedio cuando están juego las libertades y Derechos Humanos de las personas, por mucho que la positividad de Mr Wonderfull te arriende a «disfrutar de la variedad» o en tu perfil de Twitter te autodenomines como políticamente incorrecto. No hay excusa que valga. El silencio hace partícipe, una posición dudosa decanta la balanza y todo lo que viene antes del “pero” queda anulado. Contra el racismo no hay medias tintas.

 

 

Desde 1996 hasta la actualidad, el mundo ha cambiado, la música ha evolucionado y hasta lo hombres y mujeres han cambiado. Sí, Diane tenía razón, aunque los cálculos no fueran precisos. No han hecho falta mil años, solo un cuarto de siglo para darse cuenta de que cada vez hay menos tíos y tías y más gilipollas. Gilipollas y no como insulto, más bien como adjetivo calificativo ante la incomprensión de la dualidad e incoherencias de pensamiento. También ante la hipocresía. Estamos en el Sigo XXI y jamás pensé que el antifascismo llegase a estar al mismo nivel que el fascismo. Mucho menos que fuese necesario explicar en España, país miembro de la Unión Europea, que antifascista está ligado a democracia por aquellos que lucharon en favor de la libertad. Como tampoco habría imaginado que en 2020 hubiese posicionamientos silenciosos ante el racismo. Por no hablar de sumarse a la moda en redes sociales, criticar a quienes no lo hacen y tener la superioridad moral para después predicar con el ejemplo contrario a todo lo que significa la lucha.

Mencionar despectivamente a la población china cuando se refieres a la COVID-19, arremeter contra los gitanos de tu localidad o insinuar que el dependiente de una tienda de comestibles no se entera de nada por ser asiático, también es racismo.

Al fin y al cabo, se resume en hipocresía. En los terrenos de juegos gritamos sus goles, después miramos hacia otro lado cuando necesitan ayuda en el Mediterráneo. Otra forma de no dejar respirar a través de las fronteras y sus alambres, negando el asilo a refugiados, inventándose supuestas subvenciones, dando credibilidad a los bulos de bilis verde e incluso negando el Ingreso Mínimo Vital a migrantes en situación regular. Porque pese a situar a nuestro territorio en términos sanitarios respectivos a la Covid-19 en Fase2/Fase3, actualmente en España no hemos logrado llegar a la Fase 0 del racismo; la fase de reconocimiento.

En Estados Unidos, la muerte de George Floyd y las oleadas de protestas en todo el país han desencadenado en una lucha ante un problema estructural cuyo origen no solo radica en EEUU, si no que forma parte de todo el mundo.  Por ello, quedarse en silencio te hace cómplice. No valen las medias tintas. Como dijo alguna vez, Desmond Tutu, quien luchó junto con Nelson Mandela,«si eres neutral en situaciones de injusticia, entonces estás elogiando al opresor». Además de contribuir a que el mundo cambie… a peor; a que las personas cambien… a peor; y a que definitivamente Diane tenga razón y ya no existan tíos ni tías, solo…

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