Historias

Luces, cámara y… «empatía»

Luces, cámara y… «empatía»

Susana Mangut Ponce de León

4 febrero, 2020

La “empatía” se define como la intención de comprender los sentimientos y emociones del otro, intentando experimentar de forma objetiva y racional aquello que se siente. Lo que viene a ser, en román paladino “ponerse en su piel” o “calzarse sus zapatos”. Pero cuando la piel no nos favorece demasiado o los zapatos nos hacen rozaduras en los pies, o el camino tiene demasiados desniveles, entonces la cosa se complica y mucho. La mejor medicina para curar las heridas de los estigmas que sufren las personas con enfermedad mental se llama “empatía”; parece que lo tenemos claro en lo teórico. Es esa la verdadera definición de este término que ahora se “lleva tanto”. Si existe un colectivo que precisa vivir rodeado de empatía por todos lados, es el de aquellas personas que padecen una enfermedad mental y que sufren los estigmas de una sociedad muy teórica, pero poco práctica.

Para eso precisamente, para que percibamos más de cerca esta cuestión y abramos el corazón y la mente, la Fundación Sorapán de Rieros presenta un cortometraje titulado “En la Piel de Uno de Cada Cuatro”. Una cinta dirigida por Pedro Penco y con guion de Miguel Murillo, de realidad virtual, que pretende concienciar y sensibilizar al espectador para que contemple de primera mano las vivencias a las que se enfrentan estas personas en su día a día, recreando situaciones reales en el ámbito social y laboral. Un proyecto financiado por el SEPAD y en el que han colaborado alumnos de Arte del Instituto ‘Reino Aftasí’ y del ‘Zurbarán’. Se define como mucho más que una experiencia de grabación: una actividad inclusiva, puesto que han participado personas con y sin discapacidad mental trabajando juntos para lograr un mismo objetivo.

 

 

 

LA FUNDACIÓN SORAPÁN DE RIEROS Y EL PROYECTO

En la pantalla se plasman realidades vividas por muchas de las personas que forman parte de la asociación Sorapán de Rieros. Esto ha servido a los actores para olvidar que se sienten estigmatizados, pues durante el día y medio que ha durado la grabación, han abordado abiertamente su situación y han desaparecido de un plumazo los tabúes.

Este proyecto nace, según relata Aida Pérez, Directora de la Fundación Sorapán de Rieros, “porque se nos anima desde el propio SEPAD a través de uno de sus técnicos, ya que hace diez años también realizamos otro proyecto que tuvo mucho impacto destinado a la sensibilización. De esta forma, nos pusimos manos a la obra porque queríamos hacer algo que llegara”. Se documentaron en primer lugar, sobre todo cuanto se estaba haciendo a nivel internacional al respecto y establecieron una serie de reuniones para tratar de encontrar la actividad más eficaz con la que dar luz verde a la iniciativa que se les había planteado. “Absolutamente todos los profesionales de la entidad, incluida la contable, provocamos una lluvia de ideas hasta que se concretó en ese corto que ya es una realidad”.

Desde el principio se pensó en que los usuarios de la Fundación formasen parte activa del proyecto. Para ello, se solicitó a aquellos interesados que se uniesen a la idea. Como concreta Aida Pérez, “en primer término, les pedimos que aportaran testimonios de situaciones reales que hubieran vivido a lo largo de su vida, relacionadas con algún tipo de discriminación. Entonces, nosotros recabamos varios de esos testimonios y se los hicimos llegar a Miguel Murillo, que realizó un guion en base a lo que le entregamos”. Así, la idea elaborada por Miguel Murillo presenta situaciones en tres ámbitos diferentes: el escolar, el laboral y el familiar. Una forma de concretar, finalmente, que es mucho más que un corto. Es empatía. Una forma de poner al espectador ante una cámara subjetiva que le traslada al “¿y si fuera yo?”.

 

MARÍA DE LAS CANDELAS VILLA MORALES, ACTRIZ POR UN DÍA

María de las Candelas Villa Morales, en adelante Candela, es usuaria y una de las voluntarias más implicadas de la Fundación Sorapán, que también ha participado en el corto. Nos cuenta que padece un trastorno esquizoafectivo, o lo que es lo mismo, explica, “una mezcla entre esquizofrenia, euforia y depresión”. Sin embargo, pese a todo esto, nos continúa comentando con frescura y naturalidad, “actualmente estoy con un tratamiento que me mantiene estable y hago muchas cosas. Me considero una gran luchadora en cuanto a la sensibilización en el tema de las enfermedades mentales y me encanta emprender nuevos proyectos”.

 

Candela llega a la Fundación a través de un programa de Orientación Laboral. Después, comienza a participar impartiendo, junto a otros compañeros en colegios, una serie de charlas sobre concienciación e información para acercar a los alumnos aspectos relacionados con la salud mental. En su primera experiencia realizada en Jerez de los Caballeros, Candela apunta que fue allí donde se reafirmó en la todavía existencia de estigmas muy arraigados en la sociedad en cuanto a las personas que padecen enfermedades mentales. Nos cuenta que “los propios vecinos y vecinas, e incluso los familiares, aún les estigmatizan. Falta empatía. Cuesta mucho integrarnos. Sin embargo, este tipo de jornadas resultan muy útiles para intercambiar experiencias y compartir un día o varios, con personas que viven igual que tú”.

Candela tiene claro que para concienciar lo mejor es informar y nunca ocultar. Asegura que, desde que es consciente de su circunstancia, no tiene reparo alguno en hablar abiertamente sobre su enfermedad mental: “La gente siempre me ha acogido con mucho cariño y desde el principio decidí tirarme de cabeza a la piscina y contar lo que me pasaba”. De hecho, lo ha contado de varias maneras, no solo  participando en este corto, sino con una exposición de pintura en la que ha tratado de reflejar la enfermedad mental, en la residencia Universitaria Hernán Cortés.

La autoterapia, en estos casos, a veces está muy relacionada con las artes. Candela nos cuenta que pinta y que también escribe. Sin embargo, asegura que “lo del corto me costó mucho trabajo porque me ponía muy nerviosa y no era capaz de aprenderme mis frases del papel”. En la cinta, Candela representa a una empresaria que ha llegado a un puesto de dirección pese a su discapacidad y todos los rechazos y la marginación sufrida a falta de la empatía.

 

LA EXPERIENCIA DESDE DENTRO

La grabación del corto ha supuesto mucho aprendizaje por parte de los usuarios de la Fundación Sorapán, pero sobre todo, por el director, el guionista y el resto de equipo y actores que llegaban de fuera. Candela recuerda como uno de los usuarios, Daniel, que padece trastorno del espectro autista, se superó a si mismo gracias a las exigencias de Pedro Penco: “Fue muy fuerte, porque Daniel tiene una forma de moverse muy rígida y una manera peculiar de hablar. Tanto trabajó el papel en su casa que consiguió aprender a moverse con muchísima soltura. Yo le decía a Pedro que era muy exigente con nosotros. Por ejemplo, le hacía observaciones como si Daniel jamás se hubiese movido de forma natural en su vida y, ¿por qué lo iba a hacer ahora?”.

Candela recuerda a Pedro Penco como un director muy duro y que utilizaba mucho la palabra “normal” pero que, sin embargo, ha aprendido un montón con toda esta experiencia y ha conseguido verdaderos milagros con la gente en el rodaje. “Estoy segura de que él vio nuestras peculiaridades y se dio cuenta de lo que tenía que exigir a cada uno de nosotros en un contexto individual”, afirma esta actriz amateur, quien relata que lo que más le costó de su papel, precisamente por su circunstancia, fue controlar los nervios. “Me ha enseñado a hablar con un discurso fijado, pero que se convierta en un texto pronunciado de forma natural. Yo sí estoy acostumbrada a dar charlas y demás, pero con mis propias palabras, sin estar fijadas por nadie como en este caso, que tuve que plantearme el reto de trasladarlo a la naturalidad”.

Los testimonios de las personas que ya han visionado la cinta, lo califican como un corto “muy duro, pero real”. Candela aconseja que, en lugar de palomitas mientras lo vemos, nos llevemos una gran bolsa de empatía, más que necesaria para que, una vez visto, seamos parte activa de una sociedad que cambie estereotipos en cuanto a las personas que sufren trastornos de salud mental.  Se trata pues, de sensibilizarse viendo situaciones que nos ponen precisamente “En la Piel de Uno de cada Cuatro”, como reza el título de la película.

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