Historias

La gestación subrogada no existe, es la neolengua

La gestación subrogada no existe, es la neolengua

Pedro Cuevas Moreno

14 mayo, 2020

Seguramente, alguna vez, hayan escuchado la broma que desvela la cruel realidad a los niños y niñas sobre la existencia de los reyes magos. “Los reyes magos no existen, son los padres”. Tarde o temprano era de saber. Bien con el paso del tiempo y madurez o a través de un spoiler de este tipo. Lo mejor, como en casi todo, es descubrirlo por uno mismo. La fantasía se corta de raíz y se atribuye a los padres o familiares la consecución de unos regalos que no proceden de Oriente, sino que son comprados. De esta forma, entienden el mecanismo de la acción compra-venta y comprenden que los regalos de la vida no aparecen por arte de magia.

Pues bien, algo parecido sucede con la gestación subrogada. Perdón, con los vientres de alquiler. «La gestación subrogada no existe, forma parte de la neolengua». Y es que, como nos comenta la licenciada en Derecho y especialista en Derechos Humanos, además de autora de libro ‘Vientres de Alquiler’, Nuria González, la práctica supone una actividad millonaria, donde las criaturas nacen a través de un contrato y el neolenguaje se encarga de explicar el proceso de una forma que lleva a la normalización. «No es lo mismo decir te pago por una criatura, que gestación subrogada o por sustitución. Como tampoco es lo mismo decir factura y pago, que compensación».

 

 

 

Tarde o temprano, las personas que compran un niño por capricho accederán a un hígado si lo necesitan

 

 

La gestación subrogada no existe, es la neolengua. Los niños y niñas no vienen de Oriente por arte magia, más bien de lugares como Ucrania y siendo comprados. A España, concretamente por la ilegalidad de la práctica en nuestro territorio, llegan después de un turismo de alquiler y mediante un fraude de ley. Existen agencias turísticas que personalizan excursiones con «un paquete todo incluido, que quiere decir que en dos años te aseguran tener una criatura como sea, por 96.000€». Una cifra que, según asegura la autora de ‘Vientres de alquiler’, data de su investigación en 2018, por lo que actualmente debe haber aumentado, pues «los precios suben cada mes».

Se trata de un negocio ultra millonario que se construye sobre la necesidad y la desigualdad de las mujeres. Solamente «el año pasado movió 6.000 millones de dólares en todo el mundo».  Una cifra aterradora que indica «la sublimación del capitalismo elevado al máximo». Es un: «si tengo dinero me lo compro». Me compro un coche, una casa, un niño o un hígado, porque «tarde o temprano, las personas que compran un niño por capricho accederán a un hígado si lo necesitan», argumenta Nuria. Y esto es un grave problema, pues las personas son personas. No son objetos de contrato. No se pueden vender, comprar, ni regalar. «Ni si quiera tu madre puede disponer de ti».

 

Es como si dijeras que en España tenemos que ejecutar una pena de muerte de EEUU porque allí es legal

 

Un negocio que además de la marginación, pobreza y distinciones de clases que establece, se lleva a cabo en nuestro país mediante un fraude ley con la instrucción del 5 de octubre de 2010, por la cual viene a decir que «tú puedes inscribir mediante un documento legal del país en el que lo haces a la criatura». Una instrucción que fue tumbada por el Tribunal Supremo en el año 2014 alegando en una sentencia que no se podía dar validez a ningún contrato de vientres de alquiler debido a ir en contra los derechos humanos y  en contra el orden público. «Está invalidada. Además, no tiene rango de ley y puede ser anulada por cualquier Ministro cuando quiera. Pero falta voluntad política. Es cuestión de querer», apunta la abogada especializada en Derechos Humanos.

«Es como si dijeras que en España tenemos que ejecutar una pena de muerte de EEUU porque allí es legal. Como en el país donde se alquila el vientre es legal, te dan un documento legal que el cónsul inscribe sin mirar de donde viene. Por lo cual, es un fraude de ley, puesto que estás inscribiendo un documento legal sobre una práctica ilegal» concluye Nuria González.

Además de ilegal, una práctica peligrosa. Pues a pesar de los anuncios y recomendaciones del Ministerio de Exteriores para que los compradores no fueran, en ocasiones podemos observar noticias del tipo: «Familia atrapada en Ucrania». Y como nos comenta Nuria González «es algo normal». Normal porque la intención versa en traer a los niños con pasaportes españoles, algo que «solo se puede hacer si desaparece la madre gestante de los papeles. Si no desaparece de los papeles, puedes traerte al niño, pero con pasaporte ucraniano y figurando su madre. Aunque claro, no es lo que quieren la gente que contrata vientres de alquiler».

Un proceso completo en el que se lleva a cabo la mercalización del cuerpo de la mujer, aprovechando las situaciones de vulnerabilidad y «la responsabilidad por mantener a su familia». A su vez, envuelto en la falsa idea de libertad «vendida por un discurso neoliberal que defiende el dinero y el negocio», donde el sistema parece que dice «si no tienes nada más, vende tu cuerpo ya sea en forma de prostituta o en forma de incubadora humana». Y esto, no es una libre elección. Más bien todo lo contrario, un sometimiento. «No hay libre elección cuando las opciones son comer o prostituirte; alimentar a tu familia o vender a tu hijo».

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