Historias

La “Aldea Global” no es tan “Global”

La “Aldea Global” no es tan “Global”

Susana Mangut Ponce de León

29 noviembre, 2019

La triple discriminación contempla la desigualdad de género en el ámbito de la discapacidad y en especial en las zonas rurales. Un tres en uno que representa una problemática y requiere de una reflexión general.

El V Congreso Iberoamericano sobre Cooperación, Investigación y Discapacidad reúne a expertos de todo el mundo en Cáceres con el fin de debatir y poner sobre la mesa las consecuencias derivadas de la triple discriminación. Para ello, las mesas redondas y conferencias actúan como canal difusor y altavoz a sus casi 400 asistentes. Una voz que ha de perdurar para identificar el conflicto y continuar avanzando.

Dentro de los expertos que conforman el congreso, la periodista especializada en la acción social de Fundación CB, Susana Mangut, guarda sus palabras pronunciadas durante una de sus ponencias para que esta voz retumbe como eco entre las montañas y no se pierda.

 

Ponencia Susana Mangut: Experiencias de Innovación en la Comunicación de las Personas con Discapacidad: la “Aldea Global no es tan “Global”.

 

Me gustaría comenzar con una reflexión en voz alta, relativa al término que acuñó en su día el sociólogo Marshall McLuhan denominado “Aldea Global”.

Nos encontramos inmersos en un mundo, construido por nosotros mismos, en el que somos capaces, con la ayuda de las tecnologías, de personarnos en lugares remotos y presenciar hechos en directo. Es decir, habitamos en una aldea de dimensiones infinitas: compartimos conversaciones con gente a millones de kilómetros de nuestra casa. Incluso, a veces, hasta trabajamos codo con codo con aquellos que desarrollan una actividad profesional como la nuestra y no nos sentamos en la misma mesa de oficina, sino que cada cual, puede llegar a residir al otro lado del charco.

Sin embargo, profundizando de manera más concreta sobre las apreciaciones de McLuhan, debemos pararnos a pensar en que, como el sociólogo canadiense vaticinaba, se nos olvida que esa gran carga de sobreinformación sirve para mucho en ocasiones, pero otras veces nos aturde y nos pierde. Constituye solo lo iluminado de la escena. Sin embargo, el resto del decorado, también está ahí aunque no lo podamos ver. Existe, por tanto, una pensada y cuidada selección de datos. Que no tiene por qué ser adecuada para nosotros, el público que la recibe.  Y fíjense bien, porque en un mundo eminentemente visual, el primer medio de comunicación que revoluciona y comienza a generar esta enorme aldea, es la radio. Solo escuchar, cosa que parece ahora difícil de vender más. Pero, cerrando este paréntesis, después llega la televisión y, junto a ella, el cine. Aunque el gigante más poderoso y potente aparece con internet que, comienza a cambiar muchas cosas, pero que sobre todo lo hace a velocidad de vértigo.

 

 

Si me lo permiten, yo hoy y desde esta mesa, voy a hacerle una apreciación a McLuhan. Me atrevo a convencerles de que no vivimos en una “Aldea Global” porque no todos podemos acceder del mismo modo a la información. Por lo tanto, el término “global” en su total extensión no resulta correcto. La información se genera y se transmite, de manera sesgada, evidentemente, como ya he aclarado antes, pero es que además, se ofrece para ser consumida de forma inadecuada para un gran número de aldeanos que no pueden acceder a ella en ese formato primario en el que se lanza. Una persona sorda, lógicamente, no puede acceder a la radio, debido a la naturaleza de ese medio concreto. Lo mismo sucede con una persona ciega y un periódico en papel. Lógicamente, me estoy refiriendo a ejemplos muy primitivos y descriptivos, para que se entienda la idea que deseo transmitir. Porque con internet y otros muchos avances en el ámbito de las nuevas tecnologías relacionadas con la inclusión, se nos ha abierto un campo de dimensiones espectaculares, comparado con lo que había no hace tantos años. Pero aun no estamos ante una “Aldea de la Inclusión” en la que sí se podrá hacer realidad el hecho de que absolutamente TODOS y TODAS podamos acceder de manera real a la información. De momento, aquellos que un día construyeron o construimos un mundo de sobreinformación, simultaneidad y omnipresencia, también estamos siendo capaces de convertirlo en inclusivo, cada vez en un  porcentaje más alto. Las pruebas tienen nombres y apellidos: se llaman bucles magnéticos, pictogramas o sistemas de audiodescripción, entre muchos otros que resultan cada vez más familiares, no solo a quienes los precisan para alcanzar la información, sino para el resto de la población de esta gran aldea llamada “mundo”.

Finalmente, cabe señalar algo que parece evidente, pero que a veces pasa demasiado de puntillas y que tiene que ver con aquellos que originan, guisan y mastican la información para que otros, los  receptores, puedan engullirla sin atragantarse: hablo de los generadores de noticias. Los medios y quienes trabajamos en ellos estamos acostumbrados a cubrir y redactar noticias sobre discapacidad o como se dice ahora, sobre “diversidad funcional”. Incluso nos resulta atractivo este contenido porque, el periodismo o la comunicación social tiene algo que engancha. Yo siempre lo digo. A la vez que trabajamos en la noticia, el comunicador adquiere una gran responsabilidad moral. Lo sabe desde el principio y trata de verificar y cuidar esa pieza. Al menos, como profesional de los medios que soy y como persona con una discapacidad, me gusta pensar que es así y me consta que mis compañeros se esfuerzan por ello, aunque en toda olla hay garbanzos negros y desafortunadamente, existen formas amarillistas de tratar este tema y salen a la luz y además, resulta que tienen éxitos de audiencia. Pero esa sería otra cuestión.

Volviendo al medio y a esa información que lanza, querría quedarme, para concluir, con un reclamo que además percibo desde mi doble línea de actuación. Mi perspectiva de periodista con discapacidad, me permite contemplar que no existe formación necesaria en esta materia  para profesionales de los medios de comunicación o, al menos, no la suficiente para que se produzca una información más precisa y de calidad que se merece una sociedad que desea seguir avanzando y que se dice progresista. La formación a profesionales de medios, no solo aporta al redactor o al cámara, sino también, ayuda a construir una aldea inclusiva, puesto que los contenidos que lean, escuchen o vean los receptores, les facilitarán las características exactas de lo que se pretende contar y no solo se concienciará, sino que además, se educará. Ya estamos asistiendo a ese cambio, pero no solo debe quedar en la buena voluntad, sino en mucho más.

Y finalizo con un deber que asigno a todos aquellos profesionales de medios con alguna discapacidad y, por tanto, me lo impongo a mí a la primera. Pongamos en marcha este principio y unamos esfuerzos para conseguir herramientas que ayuden a la consecución de estos objetivos. Empezando por nuestro día a día, en nuestro medio y aportando al resto de compañeros de otros medios todos  aquellos datos que pensemos puedan resultarles enriquecedores.

La  conclusión reside en que estamos en marcha hacia una “Aldea Global Inclusiva” y que de una u otra manera, todos podemos  contribuir a dar pasos adelante porque todos estamos conectados. Solo hace falta creerlo.

 

 

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