Historias

En las trincheras del lenguaje bélico

En las trincheras del lenguaje bélico

Pedro Cuevas Moreno

15 abril, 2020

Ahora que tan de moda está el lenguaje bélico. Que desde las ventanas nuestras calles se tiñen en blanco y negro. Que el silencio azota; perturba. Donde el sofá se convierte en la trinchera, el pijama en el uniforme y los smartphones, portátiles o mandos del televisor en el arma para informarnos sobre el enemigo invisible. Que la primera línea es el personal sanitario. La Segunda División e infantería se compone por cuerpos policiales y el ejército. Y en la retaguardia está la televisión, formada por la cúspide política, junto a un señor de apariencia austro-prusiana, cargado de medallas y más preocupado por los memes en redes sociales que por una buena interpretación del código penal y de la constitución. Ahora que tan de moda está en lenguaje bélico, cabe recordar que no estamos en guerra.

Cuando pase todo esto, que pasará, y tengamos una imagen retrospectiva del año 2020, muy posiblemente asociemos la pandemia a una guerra. Este es el poder del lenguaje. Palabra tras palabra, frase tras frase, se compone una idea que desvirtúa la realidad. No es una guerra, ni una batalla. Es una crisis sanitaria y social, provocada por un virus que no entiende de ideologías, barreras fronterizas y discriminaciones raciales. No pretende imponerse ante nadie. Tampoco inculcar mediante su invasión sus ideales. Aunque seguramente deje muchas lecciones futuras sociológicas como una revisión del modelo actual y la verdadera valorización de aquella a la que llaman la primera línea de actuación, alabada a las 20.00 horas y crucificada por manifestarse ante los recortes y solicitar más recursos. Pues a pesar de catalogar a la COVID-19 como la enemiga, la verdad es que el enemigo siempre fuimos nosotros.

Bajo las trincheras del lenguaje bélico, se oculta la suciedad. Mantiene posiciones y presenta cierta seguridad. Parece que la idea colectiva cala más profundamente de esta forma. Aquí, reside mi caso, pero con matices. Usar lenguaje de guerra, sin estar en guerra. Aplaudir a la hora y reconocerlo durante el resto de los días. Usar lenguaje bélico, sin obviar todo lo mencionado anteriormente, y asociar grandes iniciativas surgidas durante la contienda del mes de abril para que no caigan en el olvido, ayuden a quiénes las necesiten y sepan que no están solas y encerradas ante su verdadero enemigo. Solo se necesita una palabra clave: Marcarilla-19.

Mascarilla-19

Un código no encriptado, civil e incluso resuelto por la máquina enigma del agresor. Pero ante el cual no puede hacer nada. Como durante la época del terror en Praga. Cuando el comunismo y su policía secreta suponía tal preocupación que en los bares antes de hablar de política, si el vaso de cerveza se apoyaba en la mesa al proceder a tomar la misma, significaba que no era conveniente hacerlo debido a la presencia de la KGB. En el caso de Mascarilla-19, basta con ir a una farmacia o centro Carrefour, en el caso de Extremadura, y solicitar el código clave para que el personal active todos los mecanismos de atención y asesoramiento a las víctimas de violencia de género a través del teléfono estatal 016.

Una campaña surgida durante la contienda del confinamiento para prevenir y proteger a las mujeres que se encuentran en riesgo o en una situación de peligro físico y sexual. En la que todos y todas somos aliados mediante nuestra voz para dar la alarma en los puntos mencionados. Y ante la cuál se refuerzan y garantizan los servicios básicos de atención a las víctimas, así como las acciones de prevención, sensibilización y detección ante el posible incremento de la violencia de género.

Los datos están ahí y muestran a un enemigo no invisible que si pretende anteponer su ideología – machista –, su fuerza y proceder a la discriminación. Sin ir más lejos, del 14 al 29 de marzo según los datos ofrecidos por el Ministerio de Igualdad, las llamadas al 016 han aumentado un 18% respecto a la misma quincena de febrero. Un total de 521 llamadas más que redondean la cifra en 3.382. Mientras tanto, palabras como “guerra”, posguerra” o “vencer” seguirán en el frente del discurso para asociar al coronavirus como una guerra. Cuando el enemigo somos nosotros y bajo las trincheras del lenguaje bélico se aprecia cierta seguridad. Se desvirtúa la realidad.

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