Historias

El sol nos echa de menos

El sol nos echa de menos

Susana Mangut Ponce de León

30 marzo, 2020

Fuera, más arriba de los árboles, los tejados de las casas, los tendidos eléctricos y los pájaros que, en estos días se  atreven a romper el silencio frecuente y extraño, en lo más alto, el sol nos contempla y nos echa de menos, tanto como nosotros a él. Somos de la tierra, el mar, las nubes, el cielo, las flores y sobre todo, del sol. De ahí venimos y ahí regresaremos. Formamos parte de un todo y no constituimos, ni mucho menos, el todo de esa parte. De repente, parece que hemos dejado de estar conectados… pero solo lo parece, porque la simbiosis resulta que permanece infinita, eterna, irrompible, ineludible y maravillosa. Lo traemos de serie: necesitamos la luz natural, el agua y el aire, precisamos nuestros elementos primordiales para existir, para ser, para vivir…

Nuestro envoltorio debe exponerse al sol para recibir las correspondientes dosis de vitamina D. Esa aparece como  una de las  pruebas más evidentes para el ciudadano de a pie, el que no es médico, ni científico, ni entendido en la materia y lee la información que llega mayoritariamente e inmediatamente y en el caso de que cuente con patio, balcón o ventana al sol en su vivienda, busca un rato al día, porque otra cosa no, pero tiempo hay, para conseguir su ración de vitamina, no vaya a ser que empeoremos la cosa, que ya va bastante mal. Desde luego, ni que decir tiene que si la luz de las pantallas de todo tipo, activas durante horas en nuestras casas, produjese el mismo efecto que la luz solar, nos veríamos todo el día poniéndonos crema de protección total, como en la playa, en cara, manos y brazos. A los botes de líquido hidroalcohólico, los guantes y las mascarillas, se sumaría la crema, como un auténtico artículo de lujo, de los más buscados. Por ahí, por las pantallas, grandes, pequeñas, más planas, menos planas, colgadas en la pared o colocadas en la mano, en una pulsera… donde sea… se  nos ofrecen, listos para engullir, toda una auténtica cascada de contenidos: racionales, irracionales, en serio, en broma, documentados, inflamados, educativos, destructivos, aconsejables, repulsivos, informativos, denigrantes, verdaderos horrores totalmente inadmisibles y auténticas obras de solidaridad y empatía, o  joyas de la poesía o la música que florecen como nenúfares en el gran río tumultuoso y caótico de las redes más “coronavíricas” que  sociales de estos tiempos que pasarán a la historia de archivos y libros, pero también a la nuestra propia y más íntima y permanecerán adheridos a ella para siempre.

Un gran capítulo a parte, merece comentar todas las clases, sesiones y cursos de diferentes disciplinas deportivas que, paradojas de la vida, justo nos entran por esa nueva retina, culpable de que permanezcamos más tiempo inmóviles y pasivos. Monitores de todo calibre, incluso hemos puesto de actualidad a doña Eba Nasarre, nos invitan y hasta ordenan que debemos movernos porque, lógicamente, las consecuencias pueden resultar muy perjudiciales para nuestra salud física. Se dice que vamos a perder, durante este confinamiento, quizás demasiado “confitado”, si analizamos las tentaciones de la nevera o el cajón de los dulces, mucho tono muscular y ganar, sin embargo, muchos kilos. Pero, ¿qué sucede con nuestro tono emocional?

Nos encontramos ante una situación atípica que, evidentemente, nos genera miedo. De uno u otro modo, nos sentimos amenazados porque el blanco de la diana reside en nuestra salud, ese bien tan preciado y tan poco valorado a la vez. Mientras nuestro tono muscular se resiente porque no hacemos ejercicio, el otro tono, el emocional, también porque no lo estamos entrenando de manera adecuada. Eso nos advierten desde diferentes esferas, los expertos en esto de la psicología emocional que, dicho sea de paso, llevan toneladas de razón y nuestra propia experiencia, desde que nos encontramos confinados en el que ya no sabemos si es o no, nuestro dulce hogar, lo avala de manera irremediable, lo queramos ver o no. Es tiempo de mirarnos por dentro para reconocer, entre otras cosas, nuestra gran capacidad de adaptación que sí, existe y según aclaran quienes están formados en esta compleja materia, sólo tenemos que ponerla en práctica: tarea nada fácil, por otra parte, debido a la falta de costumbre. Por eso el mejor camino pasa por dejarse guiar para encontrar las estrategias más eficaces que nos conduzcan a buen puerto: el de afrontar todo lo que estamos viviendo. Debemos, pues, reflexionar sobre nuestras emociones y saber gestionarlas.

Ejemplos de cómo proceder, muchos y muy variados. Incluso adecuados a determinados sectores de población más vulnerables debido a sus necesidades específicas, como es el caso de los niños, las personas mayores o con algún tipo de discapacidad, para quienes se complica más aún esta situación. Una de las últimas iniciativas de las familias y asociaciones de personas con Transtorno del Espectro Autista, que, increíble pero cierto, han tenido que defenderse de ciudadanos insolidarios y bastante aburridos, que se han dedicado a gastar su tiempo de confinados sanos, en increpar desde sus garitas en las ventanas, a padres o familiares de personas con TEA, mientras realizaban un paseo terapéutico, consistía en la idea de salir a la calle con una prenda de ropa de color azul: ya fueran brazaletes hechos con pañuelos de tela, camisetas, chalecos llamativos, etc. Pero, ¿de verdad en esta sociedad que se llena la boca describiéndose como  inclusiva y solidaria, a estas alturas de la película, deben ni si quiera  plantearse estas historias? Lamentablemente, parece que sí. Todo para que la sinrazón de algunos, les deje vivir y no se lo haga más difícil de lo que ya lo tienen, que no es poco. Aún así, la iniciativa ha creado opiniones contrapuestas, aunque ambas con argumentos razonables. Desde Plena Inclusión, se deja claro: “No al uso de prendas que identifiquen y señalen a las personas con discapacidad”. Ni brazaletes de distintos colores, ni chalecos amarillos ni cualquier otra identificación. Lo que hay que evitar, aclaran, es la estigmatización que eso supone y que, “los padres, familiares y profesionales, no podemos consentir”. En el caso de ser increpados por vecinos, como ya está sucediendo, Plena Inclusión recomienda a los afectados “mantener la calma, no responder de malas formas y tratar de explicarlo o avisar a las  policías locales u otros Cuerpos de Seguridad, para que medien en esas situaciones e incluso, avisar a la policía o guardia civil”.

 

CONSEJOS PARA LA SALUD MENTAL

Uno de los primeros consejos para mantener una buena salud mental, según Estefanía Rodríguez, psicóloga y   responsable del Programa ‘Motiva’, de Fundación CB, reside en que recibamos la ansiedad como una “respuesta normal” ante “situaciones amenaza”.  Resulta imprescindible pensar en proteger a quienes nos cuidan. Ellos son el primer eslabón de la cadena. Por eso, si tenemos que  ir irremediablemente a un centro de salud, recalca Estefanía, hemos de  acudir provistos de productos como desinfectante de manos, jabón o papel tipo  pañuelos, para secarnos, porque puede haber escasez de estos materiales en los hospitales o clínicas. Pensemos en facilitar todo lo posible, el trabajo al personal. Además, advierte también la psicóloga, en estos tiempos, a algunos nos tocará enfrentar situaciones extremas en las que “tengamos que ofrecer consuelo a personas y hemos de saber que  las manos de uno pueden simbolizar el corazón de otro. Esa enfermera que toma la mano a un paciente infectado que no  puede tener contacto con sus familiares, representa esa presencia que no permiten las circunstancias”. Imprescindible resulta mantener la cordura en todo momento y una idea clara para quienes libran la batalla a pie de campo: “vuestra bata no es una capa”, afirma tajante la psicóloga Estefanía Rodriguéz, para quien no hay que hacer amarillismo ni sensacionalismo con este asunto, sino ser pragmáticos, eficaces y respetuosos con los sanitarios y todo aquel que  corra más riesgos.

También nos aconseja desconectar de las redes sociales, no leer de forma asidua las noticias sobre la pandemia y encontrar desahogo cuando lo necesitemos, o bien en familiares o, si no queremos sobrecargar emocionalmente a nuestros seres queridos, escoger una opción mas aséptica mediante servicios por vía telefónica, videoconferencia o e-mail que ofrecen, tanto entidades, como particulares.

Desde la Federación Extremeña de Asociaciones de Personas con Experiencia en Salud Mental y Familiares,  FEAFES Extremadura destacan en sus redes sociales, que en el caso de las personas con enfermedad mental, resulta una situación altamente complicada, el permanecer en casa durante tantos días seguidos, sin salir a la calle. Entre los consejos que ofrece con el único objetivo de mantener la mente ocupada, aparecen: realizar algún tipo de manualidad, sacar fotos antiguas para verlas, comentarlas y recordarlas, escuchar música, leer y algo que debe formar parte del día a día del confinamiento, hacer ejercicio físico. Además, plantean que, “un familiar o un buen amigo, siempre estará dispuesto a una charla por teléfono y nos ayudará a desconectar de esta realidad impuesta”.

Por su parte, desde el Departamento de Formación y Desarrollo de Personas de la ONCE, destacan entre sus recomendaciones, adoptar  una actitud positiva ante la solución de problemas: “esta situación que estamos viviendo está generando y generará dificultades y problemas. Es normal sentir incertidumbre y preocupación”, explican. Pero aconsejan que “tenemos que superar este primer estadio y disponernos a buscar soluciones. Sopesar los recursos a nuestro alcance, de un modo realista, centrarnos en lo que está bajo nuestro control, no anticiparnos haciendo predicciones catastrofistas, ajustar las expectativas sobre los resultados y felicitarnos por los logros conseguidos”. En definitiva, vienen a decir eso de que “el optimismo, es la clave del éxito”. El hecho de contar con emociones agradables, afirman, nos  ayuda a generar mayor motivación, más estímulos y más resistencia ante la adversidad. Precisamente, el “resistiré”, démonos cuenta, se ha convertido en uno de los lemas  abanderados por todos, cuando a eso de las ocho de la tarde, se escucha la conocida canción del Dúo Dinámico por altavoces de terrazas y ventanas. Mientras, los confinados sanos, permanecemos aquí, en nuestras “jaulas de oro”, contando o descontando días, según se mire.

1 COMENTARIO
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    Carolina Bello
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    Fantástico artículo. Enhorabuena y mil gracias!!!
    Abrazos!

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