Historias

El cuento de hadas en color Violeta

El cuento de hadas en color Violeta

Pedro Cuevas Moreno

9 marzo, 2020

“Sé lo que es querer más, yo inventé ese concepto. La cuestión es, ¿cuánto más?”. Se hace un intrigante y sobrecogedor suspenso ante la respuesta. Vivian baja la mirada. Parece que titubea. Hasta que sus ojos conectan con Richard Gere. “Quiero el cuento de hadas”, concluye. El personaje de Julia Roberts en ‘Pretty Woman’, quiere el cuento de hadas. El famoso y extendido cuento de hadas. Eso quería Vivian, dejar atrás el idealizado trabajo como prostituta que aparece en la película para apostar por su salvador. Un hombre de éxito social y poder económico. Anhelaba convertirse en la Cenicienta de su Príncipe Azul. El resto es historia y su final sabido.

Han pasado 30 años desde su estreno, pero todavía se mantiene viva en nuestra memoria. Como si cada cierto tiempo fuese televisada. Como si continuara cosechando buenos resultados. Como si el paso del tiempo no pasase por ella y la fábula en carne y hueso, que tan de moda está hoy en día con los clásicos Disney, idealizase el concepto estereotipado de femenino y masculino. Ahora sin el cómo, sin el condicional y dejando a un lado la ironía. La novia de América y el seductor de Hollywood, conquistando y manteniendo su esencia en el Siglo XXI. Los noventa, su sociedad y los roles sexistas, presentes. El cuento de toda la vida, con los personajes de siempre. Un toque en blanco y negro que necesita de un color más acorde a la época que corre. De una tonalidad más cercana a Violeta, pues a veces, en el sexo y en el amor, las cosas ocurren justo al contrario.

 

No se plantea que sea ella quién tenga dinero y poder.  Y que él posea dramas sentimentales. Pues mi protagonista tiene, y muchas, pataletas sentimentales.

 

 

Aunque parezca que no, a veces sucede lo opuesto a lo normalizado. Los roles sexistas están tan interiorizados que resulta complejo imaginarse la comedia romántica de Julia Roberts y Richard Gere al contrario. Más aún, si se alimenta con otras historias y trilogías como ‘50 sombras de Grey’ o ‘Crossfire’, que con el paso del tiempo siguen el mismo patrón. Sin embargo, esta reiteración histórica colapsa y llena el vaso. ¿Qué culpa tiene la última gota, si el vaso ya estaba lleno? Esa última gota nos lleva a vaciar el vaso, a romper con lo establecido y a buscar algo mejor. En este caso, a personas como Vicky Hernán, esa gota la introdujo en el mundo de la literatura. Su fin, aportar una versión diferente, pero a su vez necesaria. «Una versión feminista, para cambiar las situaciones», donde las mujeres no «siempre somos torpes e inocentes» y los hombres tienen sus dramas sentimentales y pataletas tontas.

«Cuando se hacen novelas románticas, siempre el hombre se encuentra en la situación de poder económico, experiencia y de sabiduría. La mujer, por su parte, con los dramas sentimentales. No se plantea que sea ella quién tenga dinero y poder.  Y que él posea dramas sentimentales. Pues mi protagonista tiene, y muchas, pataletas tontas», comenta la escritora con raíces extremeñas Vicky Hernán.

Su saga se llama Violeta, al igual que su protagonista. De momento, dos ediciones publicadas componen la que va a ser su trilogía. Primero,Lo malo soy yo’. Después,Lo bueno que hay en mí. Ambas, tratando el sexo y amor como sinónimo de libertad. La literatura como arma para avanzar y conseguir una sociedad más igualitaria, donde las mujeres se lo replanteasen y creyesen; donde intentasen ser un poco más Violeta, sentirse una diosa, y no aquello de salir a la manifestación el domingo y dejar la cena hecha a su marido.

De esta manera, la también licenciada en psicología y actualmente residente en Barcelona, presenta a sus protagonistas. Aquí nada es al azar. «Su nombre tenía que ser Violeta» y, obviamente, con ese nombre «este domingo habría abanderado la manifestación llevando de la mano a cualquiera». Ella es empresaria, tiene clarísimo que está buenísima y que pocos hombres se le van a resistir. Quiere sexo y sabe que las relaciones son bonitas en la literatura. No hace dieta. Mide algo más de metro y medio, y cuando le da la gana se calza unos tacones de doce centímetros para ser más alta. Además de todo ello, es profundamente feminista… y femenina.

 

Muchas veces, a la gente le descuadra que pueda ser feminista y quiera estar guapa arreglándose. Y no, soy feminista y quiero ser tratada con el mismo respeto que tú. Quiero que me trates con el mismo respeto que yo te trato a ti. Me gusta tener buen aspecto y me gusta gustar. Como a todos nos gusta sentirnos queridos, admirados y deseados alguna vez, argumenta Hernán.

 

Por la otra parte, está Jan. Según su autora, el hombre de las muchas pataletas. Un personaje rodeado de su conciencia, su timidez y su inseguridad. Con un gran sentido común, que le impide realizar acciones y lo sitúa frente a barreras. Además de poseer una alta sensibilidad inhabilitadora en muchos casos, que lo lleva a ser más recatado y no mencionar, a lo largo de la saga, palabras como “follar”. Pues su concepción del sexo va más allá y se establece en una relación amorosa. Un distópico personaje en el mundo cinematográfico, literario y artístico, pero existente en la vida real.

¿Cómo crear una historia sin empaparse y tomar parte de la realidad? Imposible. Tanto si es para una versión u otra. Su autora también lo tiene claro. Más allá de las relaciones amorosas y la temática de la libertad, Vicky Hernán, considerada así misma como «una persona muy realista», muestra otra cara de la vida cotidiana asociada al ambiente laboral y la discapacidad. Abre un paréntesis y nos plantea lo extraño que es trabajar en una empresa grande o pertenecer a grupo de amigos y no conocer a una persona con discapacidad. La verdad es que sí. Tiene toda la razón. Su ejemplo más claro, un personaje secundario de ‘Lo malo soy yo’. A simple vista, el típico guapo y atractivo, pero con una discapacidad auditiva. En muchas ocasiones olvidadiza debido a no encajar en los parámetros y estereotipos correspondientes a su discapacidad. Una situación que «nos ha sucedido a mucha gente en la vida real» y con la que Vicky Hernán admite haberse visto reflejada debido al Síndrome Stickler.

A lo largo de la saga, con la tercera en la pista de salida poniéndose a punto para despegar, «esperemos que antes de verano», los toques realistas van en aumento con las relaciones entre sus protagonistas y personajes secundarios. «Esto no es como el final de una película cuando se casan. El fin de la historia, no es el fin de la historia porque esas personas chocaran una y otra vez». Aquí nos encontraremos mucho amor, pero también amistad y todo lo que ello conlleva. Sobre todo, en esta última edición será palpable la «evolución de personas muy diferentes que conciben la vida, el sexo y el amor de forma diferente», comenta Vicky Hernán.

 

Lo sano y natural es que en el sexo la responsabilidad se comparta entre dos personas, si son dos personas. Y si son tres, entre las tres.

 

 

Y es que, al hablar sobre la vida, el sexo y el amor como una concepción diferente, la también licenciada en psicología, marca aquí objetivos de superación y ruptura de barreras derivadas de la influencia de las ‘50 sombras de Grey’ y el boom del sado masoquismo y sometimiento. Un boom donde la satisfacción y placer solo queda en la otra persona. Mientras que, por regla general, la mujer se queda sumisa. «Siempre ella, pocas veces ellos. Cuando lo sano y natural es que la responsabilidad se comparta entre dos personas, si son dos personas. Y si son tres, entre las tres».

En este punto, Violeta es un claro ejemplo. «Habla de sexo abiertamente. A todos nos gusta. Solo que ella, desde el principio, exige unos límites en el sexo para que resulte natural y divertido para los dos. En el momento que no lo sea, no es y punto. Y es capaz de expresarlo así de claro» afirma la autora residente en Cataluña.

Un razonamiento lógico y una problemática presente desde la infancia. Las sombras solo son 50 razones más para darse cuenta de lo que representa el mundo de Grey. También pueden convertirse en la última gota que colma el vaso. Al igual que el cuento de la ‘Bella Durmiente’, ‘Blancanieves’, ‘La Sirenita’ o ‘Pretty Woman’, que bajo la magia del famoso cuento de hadas pueden desencadenar en una visión diferente. La cuestión está en la perspectiva, pues desde otro ángulo, este cuento de hadas puede adquirir una tonalidad Violeta. Imagínense que Viana hubiese querido el “cuento de hadas en color Violeta”. O que lo realmente importante de la Cenicienta es que para ir al baile se rodea de sus amigos y se suelta. Visiones que Vicky Hernán encaja en su ‘Saga Violeta’ y que profundizará este año en la Feria del Libro de Badajoz. De una forma necesaria, pues «para romper con todo esto haría falta que todo el mundo nos lo creyéramos. Soy de las feministas que dice que, si todas las mujeres fuésemos feministas o no hubiera mujeres machistas, el tema se arreglaría antes».

 

 

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