Historias

El complejo de Penélope

El complejo de Penélope

Pedro Cuevas Moreno

5 mayo, 2020

Llegó un punto en el que Penélope tenía todo. Hasta que se desvaneció junto al viento. En su mente, el mundo seguía intacto. Sus vivencias y recuerdos le impedían ver lo que el futuro le auguraba. La oportunidad estaba en frente, pero la oscuridad de su venda en los ojos solo recreaba el pasado. Con la visión perdida, su cabeza se disponía a ser la peor enemiga posible. Solamente resonaba el anhelo de volver a su antigua normalidad. 20 años esperando esa normalidad. Cuatro de ellos tejiendo de día y destejiendo de noche un tapiz para eludir tomar una decisión. ¿Miedo al fracaso? ¿Conformismo? Tal vez, seguramente. Un sacrificio que solo ella sabe y de cuyo final surgen mil dudas. Pues cuando Ulises regresó tras 10 años de batalla en Troya y otros 10 de viaje, las versiones muestran finales felices y alguna sangrienta teoría. Aunque la realidad es una y es ineludible: la normalidad era el problema.

En estos tiempos que corren nos asemejamos a Penélope. Más bien al complejo de Penélope acuñado en psicología para determinar la postergación de las tareas o ligada a la añoranza de tiempos mejores. Por el día cosemos esperando volver a un mundo mejor y por la noche deshacemos el trabajo pensado en la normalidad. Perdón, en la ‘nueva normalidad’; aquella que se contradice en su propio significado, pues nada nuevo es normal, al igual que algo normal no puede ser nuevo. Y en el caso de que lo fuera, ¿qué es lo normal?

Lo normal es el problema. Su propia acepción lo reconoce: que se ajusta a cierta norma o características habituales. En concreto, algo habitual u ordinario a lo que estamos acostumbrados y no nos sorprende. Incluso parece bien y en momentos como estos surge la añoranza. Hipócrita de mí si ese deseo de volver no se acuña a las relaciones sociales con amigos, familia o pareja. Aunque en esa naturalidad también nos toca la pobreza infantil, la violencia de género, las migraciones y, en general, las vulneraciones de las personas. Esto también es el complejo de Penélope. Esto también era la normalidad.

Resulta paradójico que transcurridos 20 años del Siglo XXI la pobreza infantil afecte solamente en España a 1 de cada 3 menores, o lo que viene a ser lo mismo que un total de 2,2 millones de niños y niñas según el Indicador AROPE. Como paradójico es que dentro de este porcentaje se establezcan cuatro grupos de familias en España con menores en riesgos, entre los que destacan los hogares con adultos de origen migrante. Migrantes que en 2019 registraron el máximo histórico de desplazamientos internos con más de 50 millones de personas debido a conflictos bélicos o desastres naturales. Casi tres cuartas partes provenientes de tan solo 10 países como Siria, República Democrática del Congo y Etiopía a la cabeza.

Guerra, desastres naturales y también hambre mundial. Según el último informe de la ONU, se calcula que unos 820 millones de personas carecían de alimentos suficientes para comer en 2018, frente a 811 millones el año anterior. Con esta marca, tres años consecutivos de crecimiento. Al igual que la violencia de género, cuyo número en España lleva aumentando desde 2017 y cerró el pasado año con el dato más alto de asesinatos desde 2015: 55 mujeres víctimas de violencia de género.

Para colmo de todo lo mencionado, la guinda al pastel la ponen los discursos del odio y su voraz deseo de generar crispación y solucionar los problemas con banderas. También con mentiras, ahora vía Telegram, que señalan a la inmigración con un dedo, pero no te cuentan que España es uno de los países europeos que menos atienden a los refugiados. Apenas acepta el 5% de las solicitudes y, en la actualidad, se calcula que alrededor de 100.000 solicitudes de asilo permanecen varadas junto a las 800.000 personas que debido a la COVID-19 están en una situación irregular y no pueden salir del país, según CEAR.

El complejo de Penélope, también el de Ulises. Esperar a que todo vuelva a su cauce. Y ojalá que regresen a su cauce las donaciones de órganos y recuperen la caída del 82% por culpa de la pandemia. No todo es malo en la antigua normalidad. Como tampoco todo será bueno en la nueva, que, si resulta ser normalidad, al final será lo mismo solo que con dos metros de distanciamiento.

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