Historias

Cuestión de perspectiva

Cuestión de perspectiva

Pedro Cuevas Moreno

21 noviembre, 2019

Alegría y tristeza. Cuando nacemos, algo sucede en el mundo. Al menos, en nuestro mundo y en el de nuestros seres más cercanos. Nueve meses de espera, de sequía y de gestación,  engendran una tormenta de sensaciones que desembocan en una DANA emocional. Los vientos polares procedentes de las lágrimas del recién nacido propagan una alegría cálida, propia del inicio estival, capaz de cegar cualquier consecuencia primaria. Frente a nuestros ojos, la situación. Frente a nuestra mirada, un sentimiento que florece. Desde el otro lado, un llanto de bienvenida férreo, premonitorio de lo que puede deparar el futuro y consciente de la actualidad.

Todo es cuestión de perspectiva. Llevamos años, meses, semanas y días focalizados en un conflicto territorial interminable. Un país ingobernable de derecha a izquierda, llegando al extremo. Un descontento generalizado por una política incapaz de mantener las pensiones a sus mayores. Y el auguro de un nuevo receso económico ante la duda de haber resuelto el anterior. Masacrados cada mediodía y cada noche, o en cualquier momento al ser consumidores potenciales de redes sociales, de informaciones vitales y globalizadas, pero no esenciales, que invisibilizan una realidad y dirigen la mirada de esa criatura, que años atrás lloraba al ver la luz, hacia una sola dirección.

Está claro que, donde yo veo blanco, otros ven negros; y entremedias, habrá grises. Todo depende de los ojos con los que se mire. Existen ciegos que no quieren ver, como seres creativos que vuelen e imaginen el mundo sin fronteras visuales. También existe Extremadura, como Teruel, pero sin representación parlamentaria. Al igual que existe el calentamiento global o cambio climático, la violencia de género, el feminismo, la falta de escolarización y pobreza, padres y madres que luchan por el bienestar de sus hijos, hijos que combaten por sus padres y asociaciones dispuestas a acrecentar el mundo de la discapacidad, de la integración social, la accesibilidad o el ocio inclusivo, entre otros. Existen y no son invisibles.

Cada vez son más (y más jóvenes) los que con su mirada proporcionan voz a causas sociales. Lo vemos reflejado, prácticamente, todos los viernes en diversos puntos geográficos con las manifestaciones por el clima bajo el liderazgo de Greta Thunberg. Además de la marea femenina que colapsa las calles en busca de igualdad, batiendo récords y secundando en manifestaciones como el 8 de Marzo cerca de 8.000 personas en Badajoz, 7.500 en Cáceres y 5.000 en la capital autonómica.

La acción social gana terreno en nuestra retina, a la par que los mares a la tierra, compartiendo espacio de almacenamiento con informaciones generales que conviven y se necesitan las unas a las otras para tener una visión generalizada. Una visión que mezcle la sensación de alegría y tristeza del comienzo de una nueva vida, donde el llanto se asocia a la felicidad y con el paso del tiempo a la tristeza. Como si supiésemos cuando nacemos lo que nos vamos a encontrar. Lo más bonito anticipando el futuro. Pero no podemos cambiar la forma de nacer. Sí la manera de mirar.

 

Historias que te abrirán la MIRADA.

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